Otra forma de mirar

 

page3image7952Es habitual ver a gatos paseando tranquilamente por las calles de nuestras ciudades y pueblos, o encaramados a un muro, al sol, y viendo pasar a vecinos apresurados que ni se percatan de su presencia. Siempre vigilantes, ante cualquier peligro que pueda acecharles. Los gatos vienen compartiendo el entorno urbano con los seres humanos desde hace miles de años, pero no siempre y en todos los lugares, la relación ha sido buena. Si en el antiguo Egipto los gatos eran considerados animales sagrados, durante la Edad Media, fueron perseguidos con crueldad por asociarlos a la brujería. En la actualidad, hay ciudades o países donde ser gato callejero es un privilegio, como en Grecia, Túnez,  Roma o Estambul. Pero en general, con el desarrollo de las ciudades, la presencia de los gatos en las calles se percibe por muchos ciudadanos como un estorbo, una “plaga” a erradicar. Frente a ellos, un grupo minoritario de personas se compadece de estos animales proporcionándoles alimento y, a veces, refugios improvisados en solares abandonados, parques o jardines. El enfrentamiento entre ambos grupos es inevitable.

En  España, este enfrentamiento se ha resuelto mediante leyes y ordenanzas que favorecen a uno de los dos bandos. Las administraciones locales han venido utilizando el método de Captura-Sacrificio, que no ha resuelto el problema. Por lo general, los servicios municipales, se limitan a retirar a algunos de los gatos de la colonia,  por lo que en poco tiempo, los supervivientes de la redada vuelven a sustituir a los que han sido retirados con nuevas camadas. Y si se llega a retirar a toda la colonia, se produce el llamado “efecto vacío”: si se mantienen los recursos de la zona, gatos de las zonas vecinas empezarán a llegar y se iniciará de nuevo todo el proceso. Y es muy difícil eliminar estos recursos: basuras y desperdicios  de comercios y restaurantes, alimentadores de colonias, etc.

 

Desde hace ya algunos años en numerosas ciudades tanto en España como en otros países,  se viene utilizando un nuevo método de control de las colonias felinas urbanas: Captura-Esterilización-Suelta (CES), con gran éxito. Supone el control de las colonias  mediante su captura, normalmente con jaulas trampas, la esterilización en centros veterinarios, y su posterior suelta en su colonia de origen. Este método conlleva también un seguimiento permanente de la colonia, vigilando la incorporación de nuevos miembros, que deben ser capturados y esterilizados. Como afirma la Asociación Nacional Amigos de los Animales (ANAA), en su Informe sobre el trabajo con los gatos callejeros, las ventajas de  este método son inmediatas: estabiliza el tamaño de la colonia si por lo menos se esteriliza el 70 por ciento de los gatos adultos. Una esterilización cercana al 100 por ciento derivará en un descenso gradual de la población a medio y largo plazo. Además el fastidioso comportamiento asociado a los gatos callejeros se reduce drásticamente, es decir, los maullidos, escandalosos de peleas y del acoplamiento, así como el olor de los machos, que marcan su territorio. Al mismo tiempo, los gatos estériles tienden a vagar menos, por lo que se hacen menos visibles, sin embargo,  continúan  proporcionando un control natural de los roedores, lo que supone una gran ventaja en áreas urbanas. A nivel comunitario, al disminuir el número de gatos y sus crías, disminuye la llegada de estos animales a los refugios municipales, evitando así su sacrificio; y como consecuencia, supone un gran ahorro de los gastos de estos servicios municipales.

 

La implantación de este método requiere de la participación, colaboración y consenso de  cuatro partes implicadas: las protectoras de animales, los ayuntamientos, los cuidadores de las colonias y, en cuarto lugar, y no menos importante, los ciudadanos o vecinos cercanos a las colonias.

 

Pero también se necesita apoyo legal. Existen en España 17 leyes autonómicas de protección animal, a la que hay que sumar las ordenanzas de los ayuntamientos. Cataluña es la primera Comunidad Autónoma en la que se aprobó en el año 2008 una nueva ley de protección animal que,  si bien no recogía de forma expresa la protección de las colonias felinas urbanas, al implantar el sacrificio cero en los refugios municipales, obligaba a los Ayuntamientos a modificar sus Ordenanzas.  Unos años después, los Parlamentos autonómicos de Madrid y Galicia han aprobado nuevas leyes de protección animal (Madrid en el 2015, Galicia en el 2017), que ya recogen de forma explícita la protección de las colonias felinas urbanas y el sacrificio cero. Andalucía necesita  urgentemente una nueva ley de protección animal que permita a los Ayuntamientos dictar nuevas ordenanzas que establezcan otras alternativas al sacrificio de los animales acogidos en los refugios municipales, como es la autorización y protección de colonias de gatos esterilizados y el apoyo a las asociaciones que las gestionen. A pesar de ello, aún con la ley actual, y dentro del marco legal que ésta les permite, diversos Ayuntamientos de Andalucía han empezado a implantar, con la colaboración de asociaciones animalistas, el método CES en sus ciudades y pueblos, como ocurre en Málaga, Alhaurín de la Torre, Córdoba, Benalmádena, Cádiz…

 

En Andalucía, el 6 de abril pasado, Podemos Andalucía registró una proposición para la reforma de la Ley de Protección Animal 11/22003, de 24 de noviembre, en cuya redacción han participado diversos colectivos animalistas de Andalucía. Esta propuesta es un intento de dotar a Andalucía de una ley más acorde con una sociedad cada vez más exigente con medidas  políticas  que regulen las relaciones entre las comunidades humanas y los animales no humanos. Pretende una reforma en profundidad de la ley 11/2003, incluyendo no sólo a los animales de compañía, sino a la fauna silvestre y a los animales de consumo. En la propuesta se recoge,  al igual que en Madrid y en Galicia, el reconocimiento de las colonias felinas urbanas y su protección, y el sacrificio cero en los refugios municipales. 

 

            Pero el Consejo de Gobierno acaba de echar un jarro de agua fría sobre esta propuesta. En carta dirigida a la Mesa del Parlamento de Andalucía de 3 de mayo, rechaza íntegramente la proposición de ley presentada por Podemos. Justifica este rechazo calificándola de ser un texto generalista, que no aporta nada a la actual ley y que se encuentra plagada de definiciones confusas y contradictorias con otras recogidas en normas de rango legal. Coincido con el Consejo de Gobierno en que no se deben mezclar en una misma ley a los animales de compañía, con los animales de renta o consumo, o con la fauna y flora silvestre. Cada uno de estos ámbitos requiere de un tratamiento aparte y pormenorizado. Pero, señores y señoras del Consejo de Gobierno, ¿Nada hay de positivo en la proposición de ley presentada por Podemos? La propuesta presentada por este Partido prohíbe expresamente y sin excepciones,  las peleas de gallos, las competiciones de tiro de pichón, el empleo de animales en carruseles, ferias o circos,  los juegos o concursos con cerdos engrasados, los lanzamientos de pavos u otros animales, la suelta de palomas en fiestas o celebraciones, el mantenimiento de cetáceos en cautividad…. nada de esto figura en la ley 11/2003, es más, en ésta se permiten aún, las competiciones  de tiro de pichón “si están autorizadas por la Consejería competente en materia de deporte y bajo el control de la respectivas federación”, y las peleas de gallos que se celebren por motivo  “de selección de cría para la mejora de la raza realizadas en criaderos y locales debidamente autorizados con la sola asistencia de sus socios”. La proposición de ley reconoce, además, el derecho de las colonias felinas urbanas a ser protegidas y el sacrificio cero en los refugios municipales. Ambas propuestas evitarían el sacrificio masivo de los miles de animales que se recogen anualmente en los refugios municipales. Estos dos aspectos tampoco figuran en la actual Ley 11/2003. ¿Más novedades? Que los gatos y perros y primates no humanos no puedan utilizarse con fines experimentales; que la Junta de Andalucía incentive la investigación de métodos alternativos a la experimentación animal; que destine partidas presupuestarias a actividades encaminadas a la prevención del abandono de animales; que la venta de perros y gatos en los establecimientos comerciales se realice a través de catálogos y otros medios que no requieran su presencia física en las tiendas… Al mismo tiempo que el Consejo de Gobierno defiende que la actual ley de protección animal no está obsoleta, anuncia (?) que está en marcha una nueva Ley de Bienestar Animal de los Animales de Compañía que pretende “establecer un modelo de gestión integral en la protección de los animales de compañía en Andalucía, con el fin de lograr una mayor eficacia en el bienestar animal….” Creo que a todos los animalistas andaluces nos alegrará esta noticia y esperamos que la nueva Ley sea pronto una realidad, pero señores y señoras del Consejo de Gobierno, Andalucía ya no es pionera en la legislación de protección y bienestar animal, al menos en lo que se refiere a los animales de compañía. La Comunidad de Madrid y la de Galicia les han ganado la carrera. Aunque lo importante en este caso, no es quien llegue el primero a la meta, sino que “todos lleguen”.

 

Desde hace años, colectivos animalistas y voces particulares se alzan en defensa de otra forma de mirar a los animales no humanos. Marta Naussbaum, filósofa estadounidense, Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias 2012, defiende que  ni la condena contra la crueldad hacia los animales ni la mera compasión son suficientes para hacer justicia a los seres de otras especies que son tratados de manera abusiva e indigna. Es decir, que  más que compasión, lo que necesitan los animales no humanos es justicia. Sue Donaldson y Will Kymlicka, siguen la misma tendencia en su libro Zoopolis (2011). Para estos autores, el movimiento en defensa de los animales, tiene que ir encaminado a “desarrollar un nuevo marco moral que vincule directamente  el trato a los  animales con los principios  fundamentales de la justicia de la democracia liberal y los derechos humanos”.  No son optimistas; a pesar de que los movimientos en defensa de los animales han obtenido victorias parciales, consideran que, a nivel global,  han sido un fracaso: la expansión de la población humana sigue imparable, así como el desarrollo urbanístico,  mientras que el hábitat de la fauna salvaje disminuye y su población se ha reducido un tercio. Las granjas industriales no dejan de crecer. La explotación animal crece sin cesar. El poder económico parece ganar siempre. Sin embargo, han escrito el libro para dejar duella de aquello en lo que creen. Yo misma, que pertenezco a una pequeña asociación que tiene como objetivo la defensa de una coexistencia en paz de las colonias felinas urbanas con los seres humanos,  no siempre contemplo el futuro con optimismo, pero si miro para atrás, al año 2011, cuando iniciamos nuestra actividad, veo motivos para la esperanza. En todo caso, hay que seguir luchando. Por ellos, pero también por nosotros mismos. Por otra mirada.

 

Málaga, mayo de 2018

 

María Victoria Rodríguez Palomo