Blog - El Proyecto C.E.S., un proyecto en común

     Los gatos llevan conviviendo con los humanos desde hace miles de años. Parece que su domesticación se remonta a los inicios de la agricultura y la necesidad de almacenar el grano. Este alimento almacenado en grandes cantidades atrae a ratas y ratones y éstos, atraen a los gatos, que son sus depredadores naturales. Esta coexistencia no ha sido siempre pacífica: de ser venerados por los egipcios, sufrieron persecución en la Edad Media, por asociarlos a demonios y brujas. De esta época todavía quedan en el inconsciente de muchas personas supersticiones y creencias,

afortunadamente cada vez más relegadas al olvido.

 

Con el desarrollo de las ciudades los beneficios de la alianza entre gatos y humanos no se perciben de la misma manera y los gatos han terminado por ser una presencia incómoda para muchos ciudadanos. Lo que no impide que muchos otros se compadezcan de estos animalitos y les proporcionen alimento e, incluso, un refugio improvisado en solares abandonados o parques y jardines. Lo que se traduce en numerosas ocasiones en una guerra abierta entre ambos grupos. Ante esta situación, las administraciones locales no han encontrado durante años otra forma de acabar con ella que utilizando el método de Captura-Sacrificio, que no ha dado resultado en ninguna parte del mundo. Por lo general, los servicios municipales, cuando acuden a un lugar donde se encuentra una colonia, se limitan a retirar a algunos de los gatos, no teniendo el tiempo ni los recursos suficientes para la retirada de todos los miembros de la colonia, por lo que en poco tiempo, los supervivientes de la redada vuelven a sustituir a los que han sido retirados con nuevas camadas. Y en los casos en que se llega a retirar a toda la colonia, se produce el llamado “efecto vacío”: si se mantienen los recursos de la zona, poblaciones de gatos de las zonas vecinas empezarán a llegar y se iniciará de nuevo todo el proceso. Y es muy difícil eliminar estos recursos:

basuras y desperdicios de comercios y restaurantes, alimentadores de colonias, etc. 

 

    Con el desarrollo cada vez más extendido de un tratamiento ético de los animales, se ha puesto en marcha desde hace ya algunos años en numerosas ciudades un nuevo método: Captura-Esterilización-Suelta (CES), con un gran éxito. Supone el control de las colonias callejeras mediante su captura, normalmente con jaulas trampas, la esterilización en centros veterinarios, tanto de machos como de hembras, y su posterior suelta en su colonia de origen. Este método conlleva también el control posterior permanente de la colonia, vigilando la incorporación  de nuevos miembros, que deben ser capturados y esterilizados. 

 

    La Asociación Nacional Amigos de los Animales (ANAA), en su Informe sobre el trabajo con los gatos callejeros, enumera las ventajas de esta técnica: estabiliza el tamaño de la colonia si por lo menos se esteriliza el 70 por ciento de los gatos adultos. Una esterilización cercana al 100 por ciento derivará en un descenso gradual de la población a medio y largo plazo. Además el fastidioso comportamiento asociado a los gatos callejeros se reduce drásticamente, es decir, los maullidos, escandalosos de peleas y del acoplamiento, así como el olor de los machos, que marcan su territorio. Al mismo tiempo, los gatos estériles tienden a vagar menos, por lo que se hacen menos visibles, sin embargo, continúan proporcionando un control natural de los roedores, lo que supone una gran ventaja en áreas urbanas. A nivel comunitario, al disminuir el número de gatos y sus crías, disminuye la llegada de estos animales a los refugios municipales, evitando así su sacrificio; y como

consecuencia, supone un gran ahorro de los gastos de estos servicios municipales.

 

     Pero para que este método tenga éxito y una implantación duradera en el tiempo

necesita de la participación, colaboración y consenso de las cuatro partes implicadas: las protectoras de animales, los ayuntamientos, los alimentadores y/o cuidadores de las colonias y, en cuarto lugar, y no menos importante, los ciudadanos o vecinos cercanos a las colonias.

 

    Las protectoras de animales han sido las pioneras en la implantación de este método, que

poco a poco va ganando terreno al sacrificio masivo de los gatos callejeros por los servicios municipales. Su participación es fundamental por la experiencia adquirida en la ejecución de este método. Su labor, desarrollada por voluntarios y apoyada financieramente por donativos y cuotas, las acerca tanto al resto de los ciudadanos, que perciben su trabajo desinteresado como algo admirable, como a las administraciones públicas, siempre renuentes a dar ayudas y subvenciones.

 

    Pero las protectoras necesitan de la protección y apoyo legal de las administraciones públicas. Existen 17 leyes autonómicas de protección animal, a la que hay que sumar las ordenanzas de los ayuntamientos. Cataluña es la que tiene una ley más avanzada, a la que se ha sumado la nueva Ley de la Comunidad Autónoma de Madrid del año 2015, pero el resto de leyes autonómicas permiten el sacrificio indiscriminado, por lo que urge una ley marco que recoja una adecuada protección animal acorde con los tiempos actuales y que acabe con las desigualdades entre las distintas comunidades autónomas. Y es fundamental el apoyo de los ayuntamientos que tienen la competencia de la recogida de animales abandonados o perdidos, así como competencias sobre la salubridad pública, algo en lo que una colonia de gatos no controlada afecta de forma directa. Es tarea de las protectoras de animales presionar a los ayuntamientos para que dicten ordenanzas que permitan otras alternativas al sacrificio de los animales acogidos en los refugios municipales, ordenanzas que recojan medidas de competencia municipal, como es la autorización y protección de colonias de gatos esterilizados y el apoyo a las asociaciones que las gestionen. Un paso más sería el que los propios ayuntamientos lleguen hasta donde no puedan hacerlo las asociaciones, siempre con medios precarios. En ciudades grandes, deberían ser los propios Ayuntamientos los que tomaran la iniciativa en el control de aquellas colonias donde no haya intervenido o no pueda intervenir una asociación. Cuentan con sus propios medios, sólo tendrían que reconvertirlos: trabajadores y refugios municipales dedicados a la tarea del control y esterilización de colonias, en lugar de a su sacrificio.

 

    El alimentador y/o el cuidador de colonia es la figura clave en todo este proceso. Los gatos en las ciudades dependen cada vez más de los humanos para sobrevivir. Los actuales procedimientos de recogida de basuras en grandes contenedores les han privado de uno de sus recursos más importantes. Aquí entra la figura del alimentador, que sería la persona que, de forma ocasional o permanente, proporciona alimento a los gatos callejeros. Y está la figura del cuidador de colonia, que no sólo proporciona el alimento sino que mantiene la zona limpia, controla la natalidad mediante la esterilización, vigila su estado de salud o la incorporación de nuevos miembros, normalmente ayudado por protectoras de animales o clínicas veterinarias concienciadas con esta problemática. Figura muy criticada durante años, incluso, ridiculizada, que aún hoy tiene que esconderse para realizar su labor, estando siempre bajo amenazas de multas. En la actualidad empieza a ser reconocida por la administración local, hasta el punto de que muchos ayuntamientos en España ya proporcionan un carnet a estas personas para que puedan desarrollar su tarea a salvo de la presión social de algunos ciudadanos intolerantes no dispuestos a cambiar por nada del mundo sus apreciaciones negativas sobre las colonias de gatos. El cuidador de colonias mantiene buenas relaciones con las protectoras y los ayuntamientos implicados en la aplicación del método CES. Todos persiguen el mismo fin: mejorar la calidad de vida de los gatos y reducir el posible riesgo sobre la salud pública. Otra cosa es el simple alimentador, al que hay que hacerle ver que no es ético proporcionar alimento a los gatos callejeros sin, al mismo tiempo, poner límite a la reproducción incontrolada. Y aquí juega un papel muy importante el ayuntamiento que, mediante campañas atraiga a estas personas a fin de que se registren como cuidadores, cumpliendo los requisitos que se establezcan para una gestión eficaz de las colonias. Con una buena información y educación ciudadana, muchos de estos alimentadores pueden pasar a ser cuidadores de una colonia. Es claro que siempre habrá personas que de forma irresponsable depositen restos de comida en cualquier lugar y a cualquier hora, incluso directamente sobre el suelo, lo que trae como consecuencia malos olores, puede atraer a ratas o ratones, y no es un espectáculo agradable a la vista de los vecinos, pero hay que entender que estas molestias no las causan los animales, sino los humanos que deben ser sancionados conforme a la norma de convivencia que el propio

ayuntamiento dicte.

    Y, en último lugar, tenemos a los ciudadanos o, mejor dicho, los vecinos que conviven cerca de una colonia. Las protectoras que llevamos años dedicadas al control de las colonias callejeras, sabemos que se puede contar con una minoría de ciudadanos muy concienciada con el respeto hacía los animales, partidaria de la aplicación del método CES, con una mayoría silenciosa, que no le importa convivir con una colonia siempre que no produzcan demasiadas molestias, y con unos cuantos ciudadanos acérrimos del NO, dispuestos no sólo a ignorar y despreciar a estos animalitos, sino a hacer la vida imposible a sus defensores, no digamos ya a los cuidadores, a los que no tienen reparo alguno en insultar en plena calle a gritos o molestarse una y otra vez en tirar a los contenedores de basura los alimentos o, lo que es peor, tirarlos en medio de la calle, para así, ensuciando ellos mismos la calle, ganar adeptos entre otros vecinos. La labor de educación con estas personas es muy difícil, hay que ganarse a esa otra mayoría silenciosa informándole de las ventajas del método CES, pedirle un poco de paciencia para que puedan observar por ellos mismos, en muy poco tiempo, las ventajas de este método. Y esta labor ha de ser llevada a cabo tanto por las protectoras, como por los cuidadores como por el ayuntamiento. Es muy importante que los ayuntamientos se impliquen directamente en estas campañas de concienciación de la ciudadanía. Si los ciudadanos perciben que su ayuntamiento está a favor de un cambio en el tratamiento que hasta entonces se ha tenido con los gatos callejeros, si observan que se está tomando muchas molestias y está invirtiendo recursos, y sus responsables políticos hablan de ellos en los medios de comunicación, si se les cuenta lo que se hace en otras ciudades y países como Barcelona, Oviedo, Zaragoza, Roma, Reino Unido, Estados Unidos o Túnez, empezarán a pensar que ya no se trata sólo de unos “pobres locos animalistas”, escucharán con más atención, esperarán a ver qué pasa, y poco a poco, la realidad de colonias controladas y

respetadas dejará de ser un sueño para convertirse en algo cotidiano en las ciudades. 

 

 


 

Web consultadas:

http://www.isfm-national-partners.net/gemfe/

http://oviedoplataforma.jimdo.com/

http://revista-gatos.blogspot.com.es/ http://www.anaaweb.org/ 

 http://www.anaaweb.org/